Redención

Apoltronado en su sofá, el oficial Astel deja caer la ceniza de su Milde Sorte sobre la alfombra. Degusta ensimismado el denso humo del cigarro para expulsarlo después lentamente. Terminada la exhalación,  mira con desprecio hacia el suelo y aplasta los restos del tabaco incinerado. Hace años escondió el cenicero con el emblema del Sacro Imperio Romano para dar más credibilidad a su obsesionada lucha. Las cenizas las limpiará más tarde Guenendel, así que arrastra su bota contra el marchito tejido para eliminar el más mínimo atisbo de impureza de su suela. Tras arrojar la colilla por una de las ventanas, estira su traje y se cuadra golpeando los talones antes de abandonar el despacho. Es más tarde, a la vista de todos, cuando lleva a cabo su enmienda, y tras advertir a un polaco con la estrella judía de su mal comportamiento, desenfunda su arma y le dispara en la cabeza. A un encolerizado volumen grita que en la nueva Alemania, fumar, mata.

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3 pensamientos en “Redención”

  1. Grosso!, la escena del polaco la pude ver claramente, solamente me hubiera gustado que enfatizaras que el polaco estaba fumando, para darle más fuerza a la frase final, tremendo.

    1. Gracias chicoyeye! Sí, tal vez pudiera haber enfatizado algo más, pero tampoco quería que el final resultara obvio. Creo que la fuerza de la última frase proviene de la premisa de que fumar en Alemania era un acto impuro jeje.
      Un saludo!

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